Búsqueda

lunes, 17 de enero de 2011

Una Mirada (Al Corazón) - 2008

12 de enero de 2011

No digo que se puede considerar “secreto” al hecho de que existe la crueldad humana, pero no deja de sorprenderme cada vez que se deja ver; no deja de ser inesperada. Generalmente, son los maestros de escuelas públicas (sobre todo universidades “autónomas”) o los niños de secundaria quienes se encargan de enseñarle a todo aquel que se les ponga enfrente lo que significa ser cruel. Y lo hacen de la manera más gráfica y envolvente posible, para que la lección quede bien entendida.

Al comienzo, el nuevo “alumno” de esta ancestral técnica puede creer que la cosa no es así o que va en contra de la misma naturaleza del ser humano, pero tanto los años como la experiencia se empeñan en hacernos creer a todos que la crueldad humana no sólo existe, sino que es lo más normal del mundo. Pero, lo que sólo se dice en rumores es el hasta dónde puede llegar. Para contestar ésta pregunta, apareció en el 2008 un documental titulado “Una Mirada (Al Corazón)”, con el que se buscaba abrirle los ojos a la sociedad y mostrarles el mundo como realmente es. Presentar la maldad en su forma más pura.

Imagina por unos minutos que eres un pequeño niño de cinco años. Un chico común y corriente, normal, que vive con sus padres y sus hermanos en una familia unida y feliz, en un barrio normal, y que juega todo el día con sus amiguitos de la cuadra. El día que cumples seis años, tu familia entera prometió ir a comer contigo a tu restaurante favorito después de clases. Emocionado, sales de la escuela al final de un cansado pero gratificante día de aprendizaje y esperas pacientemente a que tus papás lleguen por ti, manejando el bien conocido vocho azul que usan desde que tienes memoria. Estás particularmente contento porque te pusieron el codiciado sellito del búho trabajador y un excelente en tu trabajo. No puedes esperar para contarle a tus padres. Esperando, pasan una, dos, tres, cuatro horas. Hasta que la escuela recibe una llamada: una Hummer pilotada por dos adolescentes drogados, apachurró al vocho azul. El piloto del Hummer dio un volantazo inesperado cuando creyó que estaba a punto de atropellar a una familia de duendes mágicos que estaban sentados en la mitad de la carretera. Nadie de tu familia sobrevivió. Acto seguido, te llevan a un orfanato. Pero, dado que todos los orfanatos decentes de la ciudad están a reventar, eres trasladado al que está al límite de la ciudad, casi abandonado y con las condiciones más insalubres imaginables. Te trasladan al “nuevo” orfanatorio del gobierno. A partir de ese día, estás solo. Te vuelves incapaz de volver a sonreír. Por esto último, una semana después de llegar, te diagnostican con una enfermedad terminal que se llevara tus extremidades una a una, dolorosamente hasta el día de tu muerte (pronostican entre cuatro o seis años más). No hay esperanza, parece que estas destinado a vivir triste y sólo (porque los “trabajadores” públicos no se dignan a aparecer nunca y cuando lo hacen, es como si no existieras) hasta el fin de tus días.

Pero, un día, aparece un señor en el orfanato. Un tipo cuarentón, bien vestido y de sonrisa afable que va a visitarte a ti. A partir de su primera visita, pasa por el orfanato cada tarde a pasar un rato contigo, a jugar juegos de mesa o cualquier cosa que se te antoje. Pasado un mes de conocerlo, te promete que te adoptará porque eres el mejor chico que jamás ha conocido; el hijo que nunca tuvo. Pero, te advierte que el papeleo puede tomar un tiempo, por eso, para mantenerte acompañado en lo que le aceptan el trámite, te traerá a un amigo que jugará contigo todo el tiempo, que te abrazara cada día cuando despiertes. Ya te había dicho antes que Frida, su perrita, estaba embarazada y a punto de dar a luz a una enorme camada de perritos. El día que nacieron, te mostró una foto de los animalitos. Sonriendo por primera vez en años, señalas uno en específico, uno que atrajo tu mirada. Ése sería el amigo que te brindaría su amistad y compañía hasta que lograra adoptarte el señor. Después de asegurarte que al día siguiente traerá al animal, el señor se toma una foto contigo y se va del orfanato. Es la última vez que lo ves.

Pasan los años. La falta de tu única oportunidad de ser feliz en la vida te hace todavía más débil que antes, reduciendo tu esperanza de vida aún más. Finalmente, exactamente dos años y medio después de que el tipo te abandonara, encuentras una cajita de madera en esa esquina recóndita del orfanato (que ya se cae a pedazos por falta de cuidado) que nunca habías podido alcanzar. Pero, ya tienes la altura ideal y la tomas. Curioso, la abres. Dentro, hay un masacote deforme y de mal olor, hecho de engrudo de baja calidad y papel maché. Con un poco de imaginación, podría tener forma de perro. Quieres sacarlo de su caja, pero apenas lo tocas, se le rompen sus extremidades. Junto a esa cosa, hay un post-it: “¡Felicidades! ¡Has encontrado al perrito que te prometí! Él te brindará tu amistad y su compañía por siempre, para demostrarte que la vida de los huérfanos y los perritos es ya muy otra”. Dos días después, te enteras que el señor que prometió adoptarte, es ahora famoso y alabado. Le acaban de dar un premio por crear un sistema ecológicamente amigable, que le da esperanzas a niños desahuciados por medio de bellas figuras de perritos de papel maché. Tú eres el ejemplo que usa el tipo para hacerse famoso; eres el intento fallido número uno, el chiste que salió mal. En ese momento, tu corazón se rompe, literalmente, y caes muerto con una cara de decepción en tu cara.

Más o menos este altísimo nivel de crueldad y utilización indiscriminada de los sentimientos de los seres humanos, es el que Alberto Cortés quiso reproducir y transmitir por medio de su documental cuyo título, definitivamente no indica qué tan pretencioso puede llegar a ser el autor.

“Una Mirada (Al Corazón)” es el detrás de cámaras de la abominación conocida como “Corazón del Tiempo”. Antes de ver el documental, yo en verdad pensaba que Alberto Cortés quería demostrar qué tan lejos podía llevar su obsesión psicótica hacia la lucha de esos pueblos. Que, por supuesto, no era capaz de hacerlo correctamente porque no tenía el talento necesario, pero que de verdad era un producto de amor bizarro. Tras ver el detrás de cámaras, entendí el verdadero objetivo detrás de hacer tan horrible filme. Era todo lo contrario: cada célula, cada aorta, cada glóbulo del corazón de Alberto Cortés está destinado en odiar y desprestigiar al movimiento zapatista. “Una Mirada (Al Corazón)” es la prueba fehaciente de ello.

No contento con utilizar a chiapanecos inocentes sin, por lo menos, retribuirles monetariamente, no contento con burlarse en la cara de los zapatistas diciéndoles que son unos retrogradas que ni siquiera siguen sus propios principios, quiso llevar su proyecto al siguiente nivel. Quiso llevar a un nuevo límite la crueldad humana a través de la cualidad conocida como “cinismo”.

Para ello, se propuso documentar con lujo de detalle las esperanzas, las ilusiones, el trabajo arduo, los sueños y el amor incondicional de todo su staff y de la comunidad autónoma en cuarenta y cinco minutos de filme. Se tenía que notar que le abrían el corazón para así comprender la profundidad de la herida que planeaba causarles.

A simple vista, se puede notar que de verdad creían en el largometraje en donde participaban y que estaban orgullosos de ser parte de él. Hablan de lo genial que es estar inmersos en un rodaje “profesional” (comillas agregadas por mí) sucediendo día a día en el centro de su comunidad. Sentían cómo la magia del cine atravesaba sus cuerpos, sus almas. La experiencia fue una especie de lucecita de esperanza que iluminó por unos instantes sus rutinarias vidas.

Con amplias sonrisas nos dicen lo contentos que están de interpretar personajes con los que pueden aportar su granito de arena en pro de causas tan importantes y humanitarias como la defensa de los derechos humanos, los derechos de la mujer o la lucha del EZLN. Orgullosos, aceptan que a pesar de no estar preparados de ninguna manera para trabajar delante o detrás de cámaras, dieron lo mejor de sí mismos e intentaron hacer un trabajo excepcional en la medida de lo posible. Esperaban hacer una diferencia con sus actuaciones, estaban seguros de que podían cambiar la idea estereotipada que tienen todas las comunidades del mundo acerca de ellos y su forma de vida. Estaban seguros de que podían marcar una diferencia.

Todas ellos, staff incluido, depositaron su corazón entero, todas sus alegrías y esperanzas en las manos del hombre visionario (nada pretencioso) que es el director, con la ilusión de ver concretada una película asombrosa que abriera la mente y el corazón de miles de personas alrededor de México y, ¿por qué no?, alrededor del mundo. Sonreían imaginando el día que verían el producto terminado y pensaran orgullosos “yo participé ahí, yo hice que fuera posible”. Entonces, en ese momento, todos los que los rodearan les dedicaran una mirada que dijera “y estamos orgullosos de ello”.

Pero el impacto que destroza corazones no aparece a lo largo del documental. De hecho, parece un detrás de cámaras más, un documental inocente. Para entender el verdadero propósito de Alberto Cortés al ir a Chiapas a grabar, para sentir el dolor, es necesario ver tanto la abominación de película como éste detrás de cámaras. Una vez que se vieron los dos, las ideas se empiezan a unir solas. Las neuronas unen los puntos ellas solitas.

Desgraciadamente, ninguno de los participantes estaba al tanto de que el director tenía un plan malévolo para desprestigiar a todos esos pueblos, para decirle al mundo “Hey, vean cuánto no sirve ni nunca servirá el movimiento, vean lo retrógradas que son” mientras suelta una carcajada de villano cliché de película de espías.

Nadie les dio las gracias, ni mucho menos una remuneración económica. Su paga fue esa película que, si alguien pudiera considerar como “un intento mediocre de película” le estaría haciendo un favor. Su paga fue “Corazón del Tiempo”.

Todas esas esperanzas y buenas intenciones fueron desgarradas sin piedad alguna, ¿y todo para qué? Para que un hombre despiadado y sin corazón se burlara de ellos para ganar fama en el mundillo de izquierdosos intelectualoides que, aunque nunca en su vida hayan ido a Chiapas (probablemente ni conozcan su ubicación geográfica) lo alaben, lo laureen y lo consideren un genio artístico. Quizá todos entendieron el mensaje, pero para no perder su status de intelectuales, era necesario aparentar que el mensaje era lo opuesto, era necesario pedirle a conocidos y desconocidos que apoyaran películas tan preciosas como ésta. De cualquier manera, tanto el ego como la oscuridad dentro del corazón de Cortés crecieron de manera irreversible.

No sé que es más triste, que el proyecto se haya hecho tal cual se planeó, que haya sido premiado o que haya personas que defiendan su valor “cultural” de aprendizaje de otras culturas. ¿No es suficientemente obvio que todo esto es un producto de odio puro? ¿Nadie más pudo respirar la maldad que emanaba? Nos lo pusieron en frente, con luces de neón enmarcando los fragmentos claves, y ni así.

¿Cómo puede caber tanta maldad disfrazada de prepotencia en una sola persona?

Es tristísimo ver las entrevistas con los “actores”, ver la felicidad brillando en sus ojos y luego presenciar la bazofia para la que fueron vilmente utilizados. Es que no es justo. No es justo. Tanta crueldad inmerecida me enferma.

No puedo imaginar cómo se sintieron los habitantes de la comunidad después de ver el producto terminado. Después de ver cómo se burlaban de ellos, como los utilizaban y luego presumían cómo se burlaban de ellos. No quiero ni pensar en el sonido creado por tantos corazones rompiéndose al mismo tiempo.

Aunque, pensándolo bien, espero que ninguno de ellos haya tenido oportunidad de ver la película terminada. Así, al menos, se pueden imaginar que fue una de las mejores películas que se han visto y no el resultado final.

Luego que por qué pierde uno la fe en la humanidad. Tantas pobres almas en pena… y nosotros sin un futuro que ofrecerles.



Una Mirada (Al Corazón) © 2008, Alberto Cortés; Teveunam

jueves, 6 de enero de 2011

Corazón Del Tiempo - 2008

05 de enero de 2011

Apenas estamos en la primera semana del primer mes del año y ya todo está perdido. No, no estoy hablando de algún problemita tonto que se presentó en mi vida y que estoy exagerando. Esto va en serio. Debí verlo venir, eran demasiadas señales pero no le di importancia. Siempre he tachado mentalmente de “pelmazo” a todo aquel ser humano que se cruzara en mi vida blandiendo orgullosamente esta actitud en sus rostros y comentarios. Jamás en mi vida creí posible que llegara éste momento. Pero llegó. Al parecer, fue inevitable porque hoy, cinco de enero del 2011, perdí la fe en la humanidad.

Durante años he tenido que enfrentarme a gente que grita orgullosamente que no lee, que se creen mejores que los demás sólo por el hecho de ser unos completos incultos. Tengo que enfrentarme a seres humanos que creen que el nirvana del humor, el epítome de los chistes son los que incluyen referencias escatológicas o doble sentido. He tratado con personas cuyo único objetivo en la vida es conseguir un porro más para sentirse vivos. Y he aguantado. He sido capaz de soportar un sinfín de situaciones que harían a cualquiera dudar de la existencia de un futuro para la raza humana, pero nunca he dejado de tener, aunque sea, un ápice de esperanza para nuestro futuro.

Pero hoy, todo se desmoronó. Todo. No fue por culpa de escuchar una acalorada y larga discusión de temas tan importantes como “Jersey Shore”, o a una niñita de trece años hablando sobre sus problemas sexuales con su novio de catorce años (ha pasado). No. El día de hoy, perdí la fe y la esperanza en la raza humana después de ver una película. Una película mexicana llamada “Corazón del Tiempo”. Aunque creo que llamarle “película” es darle demasiado crédito. “Abominación” es la palabra correcta.

06 de enero de 2011



“Corazón del Tiempo” de Alberto Cortés. ¿Cómo empezar a hablar de la película del visionario director de la telenovela “Ramona” de Televisa? Supongo que lo lógico es empezar por el principio: un poquito de la historia de fondo.

En 1994, un grupo de personas del estado de Chiapas, hartos de que el gobierno no les hiciera caso y los tratara como ese tornillo que sobra cuando reconstruyes el microondas (sabes que sirve para algo, sabes que es importante, pero ya armaste el microondas y funciona; pero por si acaso, mejor no deshacerse del tornillo), decidieron crear una segunda revolución en México en donde participaría el país entero. Pero, recordando que la república mexicana se caracteriza primordialmente por apoyar con cuerpo y alma éste tipo de causas sin importar las consecuencias, sólo creyendo en los ideales, la idea fue abandonada tan pronto como surgió. Mejor, se aventaron a declararle la guerra al estado mexicano ellos solitos.

Éste día se conoce como “el día que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en armas en busca de su autonomía” o, simplemente, “el primero de diciembre de 1994”.

Al día siguiente, el ejército mexicano se acercó a ellos para dialogar sobre lo que pedían. Y por “dialogar”, me refiero a “le dispararon a todo lo que se moviera y cuando ya no se moviera nada, pusieron un cerco militar alrededor del área”. No fue bonito. Pero, gracias a su despachurramiento, el EZLN consiguió una cantidad impresionante de fans alrededor del mundo que promueven y apoyan la causa (incluyendo grupos musicales como Ska-P o Rage Against The Machine, o una completa devoción por parte de periódicos como “La Jornada”), así como a un manojo de intelectuales mexicanos que en su vida han pisado Chiapas pero que se reconfortan a sí mismos portando playeras, carteras, platos, pósters, muñequitos, pipas, lápices, hojas impresas o cualquier otra chunche que tenga impresas las imágenes del Subcomandante Marcos o la bandera del movimiento.

Quince años después, Alberto Cortés, completamente obsesionado con la idea de que exista el EZLN, decide demostrarles a los chiapanecos que participan y apoyan la causa qué tan obsesivo y psicótico puede ser su amor hacia ellos. En sus palabras:

“La película Corazón del Tiempo es una ventana que se asoma a ese mundo… para dejarse mirar como son, en una película campesina e indígena que se mete al corazón de un pueblo autónomo y nos muestra que los tiempos en las montañas del sureste mexicano están siendo ya muy otros.”

Entonces, ¿de qué se trata “Corazón del Tiempo”? ¿Es la historia de un pueblo reformado, donde se puede observar claramente que buscar la autonomía era la respuesta correcta, aunque haya algunos baches en el camino? ¿Se trata de un grupo de personas de algún pueblo cercano que deciden unirse al movimiento reivindicando las declaraciones del EZLN? ¿Quizá es la historia de un insurgente que apenas se une al EZLN y que, mientras el aprende cómo funciona todo y es entrenado, nos lleva de la mano a entender el mismo movimiento y la gente que lo forma? ¿Un recuento de la historia del EZLN?

No. Ni por lejos.

Al escuchar hablar acerca de la película, uno podría suponer, imaginar, formarse la idea de que frente a nosotros se encuentra un documental hecho y derecho que retrata fielmente la situación. Pero no, no, no, ¿cómo va a ser? Alberto Cortés decidió que eso era muy bajo para su visión artística y decidió hacer un largometraje de ficción. Sí, a su ver, una película basada en un guión original reflejaría PERFECTAMENTE la REALIDAD que se vive en esta comunidad. “Corazón del Tiempo” es la historia de una chica, Sonia, que está pedida para casarse con un dirigente de la comunidad donde vive, decide que esas tradiciones son idioteces y se enamora de un insurgente, cosa que no le agrada ni a su padre ni a la comunidad.

Sí. La ventana que se asoma a un mundo para demostrarnos cómo los tiempos han cambiado y son ya muy otros (por cierto ¿”ya muy otros”? ¿En serio? Según yo, es tan válido como utilizar la frase “más mejor y menos pior” en el idioma español) es la versión mexicana de “Pocahontas”, de Disney. Ya puedo oler la validación del EZLN y su ideología.

Apenas empezamos y ya estamos mal, muy mal. Un poquito más de historia: en 1994, unos días después de levantarse en armas para defender el patrimonio indígena de la gente de Chiapas, se dio a conocer una declaración donde claramente decía: “Las mujeres tienen el derecho de escoger a su pareja y no deben ser obligadas a casarse”.

Entonces, si estoy entendiendo bien, “Corazón del Tiempo”, la carta de amor de Cortés al EZLN, lo que hace es decirle en sus caras a los de Chiapas que la lucha que tienen es estúpida y no tiene sentido porque ni si quiera hacen caso a las declaraciones que ellos mismos hicieron al comienzo. Y, los del EZLN no lincharon o vetaron a Alberto Cortés a media producción, ¿porque…?

Ah, porque olvidé mencionar algo muy importante. Lo "novedoso" o "interesante" de este bodrio proviene del hecho que, para demostrar su infame (y prácticamente inexistente) "conciencia zapatista", todos (y cuando se dice "todos" de verdad se quiere decir TODOS) los actores son habitantes del lugar donde se filmó la película. En pocas palabras, la película está protagonizada por individuos al azar que los del staff vieron caminando enfrente de ellos cuando llegaron a la comunidad autónoma donde les dejaron grabar y les dijeron "¿quieres salir en una película?". Teniendo la oportunidad de buscar a alguno de los habitantes del lugar con interés en las artes histriónicas (que no dudo que existan), literalmente, agarraron a los primeros que vieron por ahí. Y se nota. En serio que se nota. Según que es para mostrar a personas reales e inocentes, que uno pueda creer que viven ahí y que no estén viciadas por el cine. Y “Space Jam” definitivamente NO era para venderles productos de Michael Jordan a los niños chiquitos.

De verdad, cuando el personaje más interesante y creíble de tu película es una vaca que aparece menos de diez minutos en pantalla y no habla, quiere decir que estás en serios problemas.

Hablando de la vaca, así empieza la película. Miguel y su padre, se encuentran llevando la vaca que les cobra el papá de Sonia por casarse con su hija al pueblo. Exactamente en el minuto 1:13, se escucha el primer diálogo. Una señora los ve con el animal y dice “Mira, ahí va la vaca.” Es ahí, en ese exacto minuto que uno entiende por qué son necesarios los actores profesionales en este mundo. Sólo le faltaba a la mujer tener en la mano una hoja de papel con letras grandes que dijera “GUIÓN” para verse más plano y menos creíble. Se requiere un don para hacer que una línea tan sencilla sea tan aburrida y plana, pero esa señora lo tiene.

Un minuto con trece segundos marca el momento exacto en que perdí cualquier esperanza de que la película fuera remotamente buena. ”Corazón del Tiempo” dura 88 minutos.

Si eso no fuera suficiente, a continuación los padres de ambos chicos hablan acerca de sus respectivos hijos y qué tanto les conviene que se casen. Y sí, el diálogo es todavía más forzado que el de la vaca. Pero, esperen, ahí no acaba. Para ilustrar mejor el punto, al minuto 2:22 (rápido, pidan un deseo), nuestra protagonista le comenta a su padre que no quiere casarse así como así, que quiere casarse por amor. La discusión se interrumpe porque, no sé, alguna tontería. Eso no es lo importante. Además de terminar de clavar la astilla de que nadie en ésta película puede decir sus diálogos creyéndosela, ilustra el segundo gran problema de “Corazón del Tiempo”: el guión.

Como todos saben, una historia de ficción que se va a llevar al cine tiene que tener un elemento indispensable, una cosa que, si no está presente, hace que todo se desmorone: conflicto. Para quienes no estén familiarizados, "conflicto" es: "Pedro quiere obtener ese collar de perlas para regalárselo a su esposa, pero existen FUERZAS ANTAGÓNICAS que harán todo lo que esté en su poder para impedir que lo obtenga". En este caso, Herman Bellinghausen, el guionista, decidió que eso de tener conflicto son pendejadas innecesarias y se encargó de crear un guión donde no sólo creara los diálogos menos naturales y creíbles de la historia (poniendo en duda que éste individuo alguna vez haya hablado con personas reales), sino que además NO HUBIERA NINGUNA FUERZA ANTAGÓNICA.

Se puede pensar que la historia de una chica que se rebela contra las reglas que se le impusieron sin su consentimiento, que decide no casarse según dicta la tradición y que dos horas después de por primera vez negarse al matrimonio (no, literalmente, dos horas después) conoce a un insurgente con quien no habla, pero que al verle los ojos, ver su sonrisa y descubrir que toca la guitarra, se enamora perdidamente de él SIN SIQUIERA SABER SU NOMBRE (bueno, obviamente se va a enamorar de él; digo, toca la guitarra. Todos sabemos que las chicas no son físicamente capaces de resistir la atracción hacia un tipo con una guitarra (poco importa si sepa tocarla o no)), puede tener mucho potencial. Es una historia ancestral, que se ha hecho miles de veces y que, generalmente funciona. Pero, en éste caso, Bellinghausen se empeña en hacerla tan aburrida, tan forzada, tan poco romántica que no funciona en absoluto.

Un ejemplo: Más adelante, Sonia, quien no se quiere casar con el tipo que la compró con una vaca, cosa que va en contra de las tradiciones y principios que crearon la comunidad autónoma donde vive, que va en contra de lo establecido por su sociedad, y de los acuerdos de palabra que se hacen entre dos respetables y honrados miembros de su comunidad, principalmente, su padre, quien se comprometió y puso en juego su honor al jurarle al padre del novio que su hija se casaría con su hijo, es una de las personas que más molestas se pondrían al respecto, vuelve a sacar el tema con su padre.

(Éstos no son los diálogos utilizados en el film, pero hago uso del estilo que, generalmente tienen. Quiero hacer hincapié en que se supone que son personas comunes y corriente, de una comunidad que vive en el centro de la selva Lacandona)

- Papá, no tengo los deseos de desposar legalmente al primogénito de tu amigo.

- ¿Cuál es la razón principal por la que ese deseo no ocupe el espacio mayor en tu lóbulo frontal cerebral?

- Lo que sucede por mi mente es que no siento atracción ni amor hacia la persona sobre la cual estamos deliberando. Mi corazón necesita al insurgente de quien apenas supe su nombre poco después de darnos nuestro primer beso.

(Dado que es la primera vez que sale éste tema a relucir de manera seria, cualquier persona esperaría que el padre se enojara, que intentara convencer a su hija de seguir con el acuerdo, quizá la correría de su casa en castigo o la desheredaría. PERO...)

- Está bien hija. Si tú eres feliz lo acepto. Pueblo, ¿no les molesta?

- No-, responde el pueblo al unísono y sin ganas.

- Insurgentes, ¿qué dicen?

- Por nosotros es una resolución magnífica que demuestra que somos un grupo maravilloso y genial, A DIFERENCIA DEL MALVADO GOBIERNO MEXICANO QUE SIEMPRE ES INTRANSIGENTE.

- Entonces, papá, ¿puedo amarlo?

- Sí, pero le dices a Miguel; es decir, el tipo que te había pedido en matrimonio y con cuya familia concertamos ésta ceremonia tan importante.

*Sonia va con Miguel*

- Miguel, no me voy a desposar contigo.

- Está bien, no tengo ningún problema con ésta resolución dado el hecho de que igual no me quería casar.

Y así, se resuelve el conflicto principal de la historia

¿PERO QUÉ SON IDIOTAS LOS DEL STAFF? ¿QUÉ CLASE DE ESTUPIDEZ ES ÉSTA? ¡¡NO PASÓ ABSOLUTAMENTE NADA!! ¡NADA DE NADA! ¿Para qué carajos se molestan en crear a un personaje joven que va en contra de la corriente si la mentada corriente se mueve para el lado contrario sin ningún problema? ¿La idea es demostrar que la vida en ese lugar es tan aburrida que ni si quiera les interesa que las tradiciones no se cumplan? ¿CUAL ES EL INTERÉS DE VER UNA HISTORIA DE IR EN CONTRA DE LO ESTABLECIDO SI LO ESTABLECIDO NO SE OPONE A LO QUE SE OPONE A ÉL?

Supongo que hasta los mismos realizadores se dieron cuenta de que con éstas resoluciones tan tontas, la historia no sería un largometraje y por ende no podrían promoverla en festivales de cine (único lugar en donde fue estrenada ésta abominación), por el único motivo de poner en la portada que estuvo presente (aunque nadie de los festivales le interesara). Para resolver éste conflicto que se les presentó, se agregaron dos "sub tramas" igual de llenas de aventura, emoción, eventos, acciones y adrenalina que la historia anterior.

Dicen los realizadores (dicen porque yo no vi nada de eso) que la cosa es reflejar cómo se siente vivir en medio de una guerra entre tu propio pueblo y el ejército, quienes los tienen “encerrados” con un cerco militar. Por eso, una de las "historias" que se presentan es la épica aventura (fuera de pantalla, obviamente), de un grupo de aldeanos que van en busca de un generador de electricidad que compraron dado que la comunidad en cuestión, no cuenta con electricidad. Con éste nuevo aparato, desean obtener (y, les juro que no pude dejar de reírme cuando pronunciaron por primera vez éste término) "Luz Autónoma".

Déjenme repetirlo. “Luz Autónoma”. ¿OK? ¿Fue captado? Continuamos.

Según explican, están en su derecho al ir por el generador y regresar sin que los militares los molesten. Es una aventura legal, se podría decir. Cuando se preparan para salir del pueblo, se les advierte que hay más seguridad que antes, que algo está pasando, que las aguas no están tan tranquilas como se creía y que hay que tener cuidado. Con un poco de miedo y todas las esperanzas de su comunidad en los hombros, salen en busca del generador.

Después de recogerlo (en Dios sabe dónde o con quién), los aldeanos ya van de regreso, con el la preciosa carga en su camioneta. Poco antes de llegar a su casa, se encuentran con un retén militar. Son detenidos. Nadie habla por miedo a causar sospechas. Uno de los militares ordena que le muestren lo que traen en el camión. Todos se ven nerviosos. Los militares alistan sus armas, se acercan a la parte trasera del vehículo. La abren. Levantan la cobija que cubre el generador y... los dejan pasar sin ningún problema.

Hay una palabra que se usa para describir estas situaciones que crean tensión y más tensión para que al final no pase nada. De donde yo vengo, se les llama ANTICLIMÁTICOS.

Para ilustrar aún mejor lo que se siente vivir rodeado de militares, más adelante hay una escena donde dos o tres convoys ATASCADOS de miembros armados del ejército se acercan al pueblo. Al darse cuenta, un grupo severamente reducido de habitantes se acerca a decirles a los militares (sin ganas porque no pueden ni siquiera esforzarse en actuar):

-Váyanse... (Favor de leerlo con la mayor cantidad de flojera posible).

Uno de los armados se baja con una caja en las manos, seguro de sí mismo. Se les planta en frente y, no es broma, les dice:

-Déjenos pasar. Traemos chocolates.

Los de la comunidad no se mueven, y con el mismo nulo entusiasmo repiten:

- No... Váyanse... No queremos militares...

El tipo armado levanta los hombres, dice "bueno" y HACE QUE TODOS LOS AUTOMÓVILES ARMADOS DEN MEDIA VUELTA Y SE VAYAN.

Así es como se maneja correctamente un posible enfrentamiento con militares. Nunca en mi vida había deseado que a alguien, sin importar quién, lo mataran a tiros de la manera más gráfica posible sólo para que pasará algo en una película, lo que fuera, pero algo...

Eso es todo. Tanto hablar de militares malos y horribles, para que casi ni aparezcan ni representen una amenaza para nadie (excepto los impuestos que pagan los pocos contribuyentes). Nunca hacen nada interesante ni nada que afecte a los inocentes chiapanecos. Las pocas veces que aparecen, se les ve a leguas que están más interesados en saber si se rasuraron correctamente en la mañana o en acordarse de cómo iba la letra de la última canción de Paulina Rubio. No les interesa atacar las garantías individuales de nadie. Tampoco es como si fueran un peligro latente puesto que todos (insurgentes como habitantes) están más interesados en el desarrollo de la historia de amor entre Sonia y el insurgente que en cualquier otra cosa.

Pero lo peor no son ellos y su actitud valemadrista. Digo, hasta cierto punto se puede entender: es su trabajo y no siempre pasan cosas interesantes en el trabajo. O si no, al menos quiero pensar que la idea era denigrar la imagen de los militares, hacerlos ver como meras plagas sin cerebro o alguna mafufada izquierdista. Las actitudes de los individuos que disque defienden el pueblo, los que se hacen llamar "ejercito insurgente" son todavía peores. A pesar de que todos en la comunidad los califican como sus héroes y salvadores, la imagen que se proyecta de ellos en la película es aún más denigrante, puesto que se supone que son los buenos. Lo único que hacen los insurgentes es cargar rifles todo el tiempo y sentarse a discutir:

- ¿Hacemos algo?

- ¡Deberíamos hacer algo!

- ¿¿Hacemos algo??

- ¡¡DEBERÍAMOS HACER ALGO!!

- ¡¿HACEMOS ALGO?!

- ¡Viva Zapata!

- ¡Viva!

- ¡Viva la revolución!

- ¡Viva!

- Vayan por agua. Nuestro entrenamiento terminó.

Y se ponen a leer un libro. Pero, en la mitad de la selva para que se vea que, son inútiles, pero re machos y aventureros.

Con personas así, no dudo que parezca que los zapatistas luchan por vivir cada segundo de sus vidas de la manera más aburrida posible

De vez en cuando, aparece un individuo que decide que estaría bien padre grabar lo que pasa. Se trata de un habitante de la mentada comunidad autónoma, una comunidad donde sus recipientes de agua son botes reciclados de refresco de 600 ml., donde no había electricidad, donde los alimentos se hacen en comal sobre un bote de basura con fuego, donde la comida se pedía con un mes de anticipación porque había que ir por ella muy lejos o les llegaba de contrabando. Ésta no sólo posee una cámara de video de alta definición (y sus respectivos miniDVs), sino que cuenta con una iMac para editar sus videos. Y no una iMac de esas viejitas, cuadradotas y pesadas de los noventas, no. Él tiene una iMac casi del año en cuestión.

¿Y nadie tiene la decencia de explicar de dónde carajos sacó esas cosas? ¡¿NADIE?! No es como si los productos de Apple fueron los más baratos o fáciles de conseguir en el mercado. No sólo eso, no. Porque, como el mundo entero sabe, tanto una computadora como una cámara de video necesitan que sus baterías se recarguen de vez en cuando. Para ello se necesita electricidad, cosa que no tenían en el pueblo cuando éste tipo presume sus videos y su computadora. Pero, él no la necesita. No. El hecho de vivir en un pueblo autónomo de indígenas debe de dotarle de poderes mágicos que hacen que las pilas de los aparatos electrónicos nunca se descarguen. Es eso o los pidió específicamente de fábrica con una pila que jamás se descargue y, como todos en el mundo apoyan incondicionalmente al EZLN, se la dieron gratis.

Tampoco es como si una película acerca de los zapatistas hubiera sido interesante desde el punto de vista de ésta persona y de su cámara, para tener un punto subjetivo pseudo-documental de la película que le daría más profundidad. Obviamente no es interesante un enfoque así, porque el individuo de la cámara aparece como cinco veces, nada más de adorno, y lo único que hace es entrevistar a insurgentes (que se echan unos sermones tan llenos de credibilidad, seguridad y confianza como la señora que dijo “Mira, ahí va la vaca”). Después de eso, presume su iMac y sus conocimientos en el software de edición Final Cut para nunca volver a hacer nada importante en todo lo que queda de la película.

Hablando de personajes inservibles, en la mayoría de las tomas, aparece un tipo con pinta de gringo o europeo, siempre apareciendo en el fondo. Me encanta que nadie nunca le habla o mencionan que está ahí. No hace nada ni afecta a ninguna acción. Pero ahí está, parado y sonriendo.

Ya que estamos en el apartado de personajes, hablaré sobre Sonia, nuestra protagonista. Siendo ella una mujer, obviamente lo único que le interesa en la vida es casarse. Como todos sabemos, las mujeres sólo aspiran a casarse y nada más. O, bueno, así debe de ser en Chiapas porque ninguna mujer habla de otra cosa excepto casarse y el amor. De ninguna otra cosa. Si eso no es un personaje unidimensional, es un horripilante Mary Sue creado por Bellinghauser cuando un día pensó “¿Cómo sería si yo fuera una mujer indígena de Chiapas que vive en una comunidad autónoma? ¿Qué haría yo?”

A eso se le conoce como fanfiction. Y uno horrible hasta para ser fanfiction.

Podría entenderse el valor artístico y cultural de la obra si, no sé, fuera una película creada, actuada, dirigida, editada y todo por gente del mismo lugar, por los mismos habitantes que quieren dar a conocer su estilo de vida o algo así. Pero no, sólo son los actores son parte de la comunidad. OBVIAMENTE, dejar que trabajaran detrás de cámaras sería un peligro para los costosísimos aparatos que llevó el staff al centro de la selva. Los del staff serán unos posers zapatistas de lo mejor y podrán haber hecho una de las peores películas, no sólo en la historia del cine mexicano sino en la historia del cine mundial, pero tan brutos no son.

Estoy completamente seguro de que la idea de dar a conocer cómo viven ahora éstas personas es maravillosa, es loable, es muy bonita. Pero este objetivo se pierde entre actuaciones menos creíbles que un cartón, diálogos forzados e irreales y una historia aburridísima que no avanza porque nunca pasa nada, llena de personajes menos dimensionados que un post-it y soberanamente olvidables.

Pero por más abominable que haya sido ésta abominación, el haberla visto no fue la razón por la que perdí la fe en la humanidad. Se acercó a causarme ese efecto secundario, pero no llegó a tanto. Lo que hizo que perdiera mi fe en la humanidad fue enterarme no sólo que las veinticinco personas que han visto ésta película (hermosa distribución la que tuvo éste bodrio, si tomamos en cuenta que en ninguno de los veinticinco videocentros en los que busqué ésta cosa (incluido dos Blockbusters), nadie había ni siquiera oído de ella), opinan que es “sublíme”, “hermosísima”, “una obra maestra” y demás adjetivos superlativos, sino que además, fue nominada como Mejor Película en los premios Arieles del 2010.

Esto dice una cosa soberanamente amarga acerca de nosotros como sociedad…


Corazón Del Tiempo © 2008, Alberto Cortés; Hermann Bellinghausen

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Diablo Guardián - Xavier Velasco

En ésta ocasión quiero hablarles del que yo he catalogado como “el peor libro que jamás he leído en mi vida”, cosa que no sonará tan interesante si no se contrasta con el hecho de que la misma persona que asegura esto, ya leyó la serie de “Twilight” de Stephenie Meyer, la de “Juventud En Éxtasis” del señor Carlos Cuauhtemoc Sánchez (que de buena fuente me enteré que ni si quiera escribe él mismo sus libros), el número siete de la revista de cómics “La Pangolina” o la tal “Larva” (y su secuela, que es todavía peor: “Ultra G”).

Quiero imaginar que en alguna parte del planeta tierra existen al menos uno o dos libros que son todavía peores que éste del que les voy a hablar, pero he tenido la suerte de no leerlos.

Antes de comenzar, me siento con la necesidad moral de aclarar que leí este bodrio un total de dos veces. La primera porque lo vi descansando en un estante de mi librería de preferencia y me acerqué a él en ese entonces. La portada me pareció poco imaginativa, mucho menos interesante, pero en grandes letras decía “Ganador del premio Alfaguara 2003”, cosa que, quise suponer, daba a entender que valía la pena. De la misma manera, fue editada por “Punto de Lectura”, una editorial que siempre ha tenido mi devoción. Con esas credenciales de frente, decidí comprarlo para poder leerlo apenas llegara a casa. Cuando concluí la lectura, sólo pensé que era malo. Pero de eso hace seis años, cuando era casi novedad.

Hace poco lo redescubrí entre mi colección de libros. Terminaba de leer “Asesinato” de Vicente Leñero. Le quité el polvo y pensé: “yo me acuerdo que este libro me pareció malo, pero de eso hace mucho. En este tiempo he aprendido cosas nuevas. Quizá me haya equivocado y en realidad sea una novela decente. Digo, por algo ganó el premio.” Dicho esto, decidí darle otra oportunidad.

Después de leer las primeras cinco páginas me di cuenta que en realidad ERA PEOR DE LO QUE RECORDABA.

Comencemos por la portada. Véanla, aprécienla y díganme qué parece.



En efecto, "parece ser una de esas noveluchas que leen las viejas para ponerse cachondas" (Amoroto, G; 2010). Si pensaron eso, acaban de resumir las dolorosas 528 páginas que dura este mamotreto en una sencilla y descriptiva oración. Ahora ya saben por qué deben alejarse.

Ahora, antes de continuar, debo enumerar las características positivas de esta novela y de su autor:

-          Está bien escrita; el escritor de verdad sabe escribir.

Bien, ya que dejamos eso de lado, podemos continuar con todo lo demás.

La “historia” (si es que a este conjunto de anécdotas aburridas sin clímax ni momentos dramáticos puede ser considerado como una historia) se centra en una chica llamada Rosalba, quien desde los doce años decide que quiere ser la puta más puta de entre las putas, sólo porque puede, sólo para demostrar que puede hacerlo y sólo para recordarle a todos (incluido el lector) que ella es mejor que cualquier persona en el mundo.

Espero que este personaje principal les parezca sumamente simpático, porque es a quien escucharán (bueno, leerán) hablar y hablar y hablar y hablar acerca de lo genial que es ella (y tú no (sí, tú, el lector)) a lo largo de cientos de páginas escritas de manera pretenciosa y mamona. Porque, debe ser dicho, que para demostrarnos que ella es mejor que nosotros, nos habla en una mezcla de español e inglés tan horrible como pretenciosa, para que sepamos que los nacos no hablan dos idiomas tan bien como ella; por lo que debemos deducir que ella es una gran persona.

Por otro lado, tenemos a un tipo llamado Pig (se supone que es el autor ficticio de ésta novela) quien a lo largo de las páginas que se centran en él nos recordará unas cuantas cosas:
-          Se siente solo.
-          Se siente mediocre.
-          Cree que no podrá encontrar el amor.
-          Se sabe mejor que cualquier persona en el mundo.

De nuevo, este es nuestro otro personaje principal, así que espero que les parezca simpático o interesante. Debo agregar que al ser Pig el autor ficticio de la novela, se toma la molestia de narrar su vida en una pretenciosa tercera persona (con aburridos monólogos filosófico-existencialistas para agregarse “personalidad” y “profundidad”).

Se oye la mar de divertido, ¿a poco no?

Durante las primeras cien páginas, leemos de manera dolorosa (e innecesariamente detallada) cómo Rosalba (que insiste en llamarse a sí misma “Violetta”, porque su verdadero nombre le parece de mal gusto y aburrido, por lo que prefiere llamarse como vedette de segunda que cobra 30 pesos la hora), sentía emoción a los doce años al desnudar su cuerpo pobremente desarrollado frente a un mocoso un año mayor. Repite y repite y vuelve a repetir la emoción que le causa hacer esto, porque es sumamente importante que lo tengamos muy presente en la memoria. También, descubrimos que Pig se siente solo y que se cree mejor que todos.

Tras esto, nos narra (con el mismo estilo prepotente, mamón, disque bilingüe, y lleno de detalles que a nadie en este mundo le podrían interesar), cómo se robó el dinero que sus papás le robaron a la Cruz Roja, para irse a vivir a New York, donde vive con su primer novio (cuyas “aventuras” son igual de detalladas, prepotentes e innecesarias), hasta que éste activa su cerebro, deja de pensar como un niño de cuatro años y hace lo más lógico: la abandona. Después de eso, Rosalba pierde su dinero, se hace adicta a la coca y se vuelve una prostituta de corte profesional. Al mismo tiempo, Pig nos recuerda que se siente solo y que se cree mejor que todos.

Para este punto, Violetta recuerda cada dos párrafos que hay un ser despreciable al que ha nombrado “Nefastófeles”. Da pistas de que éste la trataba mal, la golpeaba, la humillaba, la usaba, la padroteaba y la trataba como el objeto comprado en una tienda de “todo a tres pesos” que es ella. No puedo empezar a describir la cantidad de emoción que me causaba saber que leería como la humillaban y maltrataban, cómo le daban su merecido. Más me emocionaba pensar que todo sería en ese mismo estilo detallado que había manejado ésta infeliz desde que empecé a leer.

Pero, en lugar de eso, en aproximadamente diez páginas nos dice: “me trataba mal, muy mal. Tan mal que no me quiero acordar y sólo te daré un resumen corto, cortísimo. Luego me escapé a México”.

Este fue el punto exacto en el cual me enojé con el libro. Pero un enojo enorme, inconmensurable. Fue tanto, que no tuve otra opción más que aventarlo con todas mis fuerzas hacia la calle, en espera de que fuera atropellado por un camión de basura, pero hasta ellos saben que deben alejarse de esta cosa.

No sólo llevaba más de 200 páginas leyendo acerca de relatos aburridos, eventos insulsos, historias flojas, personajes antipáticos a quienes sólo les puedes desear la muerte para que dejen de aparecer en el libro que estás leyendo, sino que también tuve que aguantar un personaje principal tan estúpido, prepotente y mal hecho que se le olvidaba su propia personalidad y su forma de hablar a la mitad del libro, teniendo yo la única esperanza de obtener algún tipo de recompensa que se “pudiera materializar” en un detalladísimo recuento de cómo devastaban, descuartizaban y hacían mugre al personaje principal, tanto física como psicológicamente.

Pero al parecer, según el autor de ésta basura, es más “divertido” e “interesante” pasarse cuatro capítulos leyendo y releyendo cómo es que la tal Rosalba prendía a un niño de catorce años con su cuerpo malformado, que CONOCER A TODO DETALLE CÓMO ES QUE HUMILLAN, GOLPEAN, DESTROZAN Y CASI MATAN AL PERSONAJE PRINCIPAL MÁS DESPRECIABLE QUE HE CONOCIDO.

Es que, en serio, no tiene absolutamente nada redimible esta tipa. No tiene ninguna razón de actuar excepto demostrarse a sí misma que es mejor que todos; ni siquiera actúa para salvar su propia vida. Sólo hace todo porque puede. No puedo entender cómo es que alguien pudo creer que esta excusa de personaje bidimensional podría ser interesante para alguien.

Mientras eso sucede con Rosalba, nos enteramos que Pig se siente solo y tiene un trabajo en publicidad que lo hace miserable porque, OBVIAMENTE, él es mejor que todas las personas del mundo mundial.

Ahora, al llegar a pedir trabajo a la agencia publicitaria, Pig conoce a Rosalba. Al ser ella el único personaje femenino que aparece a partir de éste insoportable punto en la historia, le dan ganas de invitarla a salir (porque así lo ordena la historia).

Al capítulo siguiente, ya están saliendo juntos de manera “secretiva”. Es obvio que tampoco es interesante saber cómo es que se conocieron este par de inservibles antipáticos, más si se ha construido a Pig como un ser casi antisocial que no sabe comportarse entre persona comunes y corrientes. Oh, no; lo importante es saber cómo Rosalba tiene sexo con personas acaudaladas porque esa es su nueva profesión, mientras piensa que ella es mejor que los demás.

Luego pasan cosas irrelevantes y aburridas, hay un muerto sin importancia, ella conoce y deshecha a tres tipos y ocurre el total y completamente *sorprendente* giro dramático de que Nefastófeles es en realidad…

(Pausa innecesaria para aumentar un suspenso inexistente porque a nadie le importa)

… el jefe de la agencia publicitara que les dio trabajo a los dos (cosa que, a estas alturas, no es importante ni siquiera para los personajes).

Después de eso, se nos regala un final que se ve tan forzado y escrito a las carreras porque Xavier Velasco ya quería acabar como los últimos cinco capítulos del libro. Éste final nos dice simplemente: “¿saben las 528 páginas que acaban de leer? ¿Sí? ¿Esas que consumieron tu tiempo? ¿En los que gastaste días de tu vida que jamás volverán tratando de encontrar una historia? ¿Sí? Pues, puede que sean mentira, puede que no. FIN.”

Es un final tan sumamente insatisfactorio como eso de “…pero todo fue un sueño.” No, pensándolo bien, “todo fue un sueño” hubiera sido una mejor ida para acabar. De esa manera, al menos, sería sólo una novelilla estúpida, no estúpida y prepotente y sólo me hubiera sentido frustrado, no defraudado.

Pero, aún no llegamos a la parte más triste de este libro. Y no, no me refiero a que, inexplicablemente, miles de niñas en este país crean que Violetta es la onda y quieran ser como ella desde que esto fue publicado.

No. Me refiero al triste hecho de que este libro es LA AUTOBIOGRAFÍA DE XAVIER VELASCO. No sé ustedes, pero desde que quise aprender a escribir, me han dicho que una regla básica al escribir una novela es no hacerla tu autobiografía; que es totalmente válido basar a tus personajes en ti o usar pasajes de tu vida, pero hacer una autobiografía es la cosa más tristes y desesperada que uno puede hacer.

Sólo que, para demostrarnos que él es capaz de cualquier cosa para ser popular, Xavier Velazco nos deleita con… (no puedo creer que haya hecho tal cosa…) ¡EL RAP DEL DIABLO GUARDIÁN! (dividido “convenientemente” en tres insulsas estrofas que sirven de intro a tres capítulos) ¡Por amor de todos los cielos! ¡Estamos en el siglo XXI! ¿Y este hombre es tan triste que hace un rap basado en su novela para que los chicos crean que él está a la onda?  ¿Qué no sabe que los noventa se acabaron cuatro años antes de que publicara esta cosa tan nefasta? Bueno, para tal caso, ¿qué no sabe que el rap de los noventa en  general no se caracterizaba así, por ser muy bueno? 

Pero se pone peor. Este libro resume la visión que tiene Xavier Velasco de las mujeres que son verdaderas mujeres, de aquellas que representan el feminismo por el que se ha luchado durante años. Para él, todas las mujeres que valen la pena SON UNAS PUTAS. Si no eres puta, no eres interesante, así que, para hacerlo feliz, comienza desde ahora.

Así mismo, éste libro grita a los cuatro vientos la imagen que Xavier Velasco tiene de sí mismo: “yo soy mejor que cualquier otra persona en el mundo, nadie se acerca a mis talones en cuestión de genialidad; deberían adorarme como un dios por ser mejor a todos ustedes.” ¿Saben que hacen cientos de “mujeres modernas” alrededor del país? Adorarlo como un dios porque él es mejor que cualquier otra persona en el universo.

Estoy casi seguro que la razón por la que esta bazofia ha pegado tanto entre niñitas y comunicólogos frustrados, es porque Xavier Velasco hace uso de la misma fórmula que Stepehenie Meyer utilizó para crear a Bella Swan en “Twilight”:

-          No crees personajes. Crea cáscaras vacías genéricas que hablen en primera persona de eventos genéricos y sentimientos genéricos para que los lectores sientan que el libro trata sobre ellos. Esto resultará en que amen tu libro, te crean buena onda y te consideren un maestro.

Y vaya que Xavier Velasco siguió esta fórmula al pie de la letra.

Estoy convencido de que ésta cosa ganó el premio Alfaguara 2003 por una de dos: o las otras entradas de ese año estaban ASÍ DE CULERAS, para que les pudiera ganar esta estupidez, o,  más probable aún, ganó por contactos (ya se sabe que, definitivamente, la cultura no se mueve así en este país).

De cualquier manera, me da pena por él.

Ésta novela está en la misma liga que “School Days”: NO CONCIBO SER HUMANO RACIONAL EN ESTE PUTO MUNDO QUE GENUINAMENTE DISFRUTE LEER ESTA BAZOFIA. De verdad, no entiendo qué motiva a alguien a disfrutar esto. “Diablo Guardián” es, en definitiva, el libro más fofo, estúpido, aburrido, flojo, prepotente, mamón, horripilante, autoindulgente, hipster wannabe que conozco. Es un grito desesperado del autor para decir “ámenme porque soy bien genial.”

Todo esto me pone tan triste que quisiera dividir mi alma en siete pedazos y esconderlos a través de todo el país con la esperanza de que un niño no los encuentre y los destruya. He oído que eso funciona

Ahora, para su entretenimiento y fácil comprensión, resumiré la primera mitad del libro. Al igual que éste, intercalaré entre los dos personajes:

-          “Pig se siente solo. Quiere escribir pero nadie lo entenderá porque sabe que es mucho mejor que todos en este mundo.”
-          “Hola, soy Violetta y soy muy puta. ¿Sabías que soy puta? Mira, para que veas que soy puta te contaré en 68 páginas cómo me desnudé a los 12 años enfrente de un niñito.”
-          “Pig se siente solo. Quiere escribir pero su abuela se murió. Él sabe que es mejor que todos en éste mundo.”
-          “Me divierte tanto decirte que soy puta. Deja te cuento más acerca de cuando me desnudé a los doce años. Me hace sentir tan puta y confirma que soy mejor que todos.”
-          “Pig se siente solo. Quiere escribir pero la vida no vale. Él sabe que es mejor que todos en éste mundo.”
-          “Soy tan puta. De verdad, ¿no se te antoja ser así tan puta como yo? ¡Es bien padre! ¡Por ser puta me robé dinero y me fui a vivir a New York!”
-          “Pig se siente solo. Quiere escribir. Su nuevo trabajo es feo porque nadie lo entiende porque él es mejor que todos en éste mundo.”
-          “En New York fui bien puta. Mira fui puta así, y tenía mucho dinero. Por cierto, ¿sabías ya que todos son basura en éste mundo excepto yo?”
-          “Pig se siente solo. Quiere escribir. Nadie lo ama. Debe ser porque no hay nadie en este mundo que sea mejor que él.”

Me gustaría decir que estoy exagerando, pero la verdad es que así es el libro.

Me da una lástima que este tipo de cosas existan en éste mundo, y no sólo que existan, sino que además sean adoradas por alguien…

Diablo Guardián © 2003, Xavier Velasco

sábado, 1 de mayo de 2010

Décimo

En últimos días, el pueblo potosino tuvo la oportunidad de disfrutar las maravillosas e iluminadores actividades culturales del “DÉCIMO” festival de San Luis Potosí (sí, así, con mayúsculas, porque según los pósteres, parece ser más importante el hecho de que sea el décimo a que sea festival o, peor aún, de San Luís). Desde sus comienzos, la sola mención del conjunto de palabras “festival de San Luis”, hacía que cientos de personas buscaran la información más preciada del mencionado evento: el cartel con los conciertos gratuitos en Fundadores. Ya antes habíamos sido agraciados por la presencia de bandas como Babasonicos, Inspector, Plastilina Mosh o Kinky. Estos eventos se atascaban de seres humanos dispuestos a probar la teoría de que el techo del estacionamiento subterráneo si todos hacían slam al mismo tiempo. El año pasado, cuando fue presentado un programa un poco menos emocionante, ya varios habían programado su semana para ir a ver todos los conciertos (porque, aunque no fueran tan geniales, nadie les quitaba lo gratis). Tristemente la paranoia hacia lo misterioso que posee nombre (A1H1), canceló todo el asunto. 

                Este 2010, aprovechando cambio de gobierno, se reanudaron actividades.

                ¿Y qué fue lo primero que dijo la ciudadanía al enterarse? Que era una reverenda bazofia porque, en lugar de traer a “los artistas del momento” o de “talla internacional”, trajeron a Johnny Laboriel o a Danza Cebra Gay entre otros (que, ciertamente, no a muchos nos interesa ver, mucho menos nos generan la curiosidad necesaria para viajar al centro ver qué son). No sobraban comentarios sobre lo horrible que era lo que se ofrecía durante sus diez días de duración, ni si quiera los carteles se salvaron de ser criticados con comentarios de la talla de “parece que promocionan un circo” o “así de desesperados están como para poner sólo a Johnny Laboriel en esa lona”. No parecía pasar un día sin que se tuviera la oportunidad de escuchar que el festival se había convertido en una basura, que ya no piensan en las personas, que se ve que no tienen presupuesto; total, que sería un fiasco.

                Triste es pensar que, probablemente, más que la falta de dinero, la “propuesta” de este festival fue la respuesta a las incansables quejas de los habitantes “intelectualoides” sobre el tema de la cultura en San Rancho. Con un poco de memoria, podremos visualizar a, al menos, catorce individuos (cada uno) que le dedican su vida a lo que ellos llaman “arte” (y, por “arte” se refieren a sólo lo que ellos hacen). Sin importar cuántas exposiciones hayan puesto, sin importar a cuántas ciudades fueron durante la última gira de su obra teatral, sin tomar en cuenta aquella vez que ganaron el FECA o les ofrecieron trabajo en el CEART; nunca dejarán de quejarse de la falta de apoyo al arte local, que nadie les hace caso, que a nadie le importa y que nunca lo apoyan. Tanto el “artista de instalaciones” que hace una pila de bolas de papel y la llama una magnífica obra de arte que refleja el estado de la sociedad actual, como el que escribió un libro de cuentos originales con duración de setenta y cuatro páginas, se quejan. Y, si bien es cierto que el arte potosino parece estar sumamente relegado (aunque con ganas de respirar un poco y salir a destacar), siendo aún más relegadas las propuestas de artes menos tradicionales (como proyectos de cómic, por ejemplo), lo más divertido es que los dirigentes de gobierno no se toman ni la molestia de escuchar estos comentarios.

                Haciendo una pésima pantomima de “vean cómo si tomamos en cuenta sus comentarios y quejas”, el festival que parecía llamarse “décimo”, decidió invertir su presupuesto en sacar a relucir las pequeñas luminarias artísticas locales como Sustalto, Doble Espacio o Luna de Triana (grupos que, a menos que uno sea parte del giro cultural que manejan ellos, los conocen en su cuadra (aunque, eso no quita la posibilidad de que tengan trabajos de calidad)). El problema fue que a pesar de la buena fe e innovadora propuesta de Toranzo, en donde se le daría teóricamente espacio a las propuestas potosinas, donde según esto se prefirió resaltar el arte y la cultura que produce el estado, parece que se esforzaron, de verdad se esforzaron, en hacerlo lo más mal que pudieron. Fue, como dirían en internet, un FAIL! No sólo relegaron a los potosinos a sesiones colectivas donde cada uno de los seis grupos que participaban contaba con, a lo mucho, treinta minutos, sino que además les enjaretan programaciones entre semana y sin promoción. Y, ¿cuál fue el resultado de tan maravillosa estrategia en pro de artistas locales (que cada vez da más indicios de haber tenido alguien cuyo nombre empieza con “L.C.C. por parte de la UASLP” como mente maestra)? Que todos se quejaban de que no vinieron Kinky o esa sobrevalorada banda que viene cada tres días a promocionar su “nuevo” material y cuyo nombre empieza con “Z” y acaba con “oé”, y en cambio les dejaron con la presencia de Johnny Laboriel.
-          ¿Y qué tal los artistas locales en el festival?
-          Ah, ¿cómo? ¿Hubo?

Inocentemente hay personas que no dejan de comentar que en comparación con los festivales como el de Zacatecas, el de San Luis se encuentra muy por debajo de los estándares de eventos tan “internacionales” como ese. Nunca deja de ser gracioso saber de personas que creen que el San Luis actual merece atención por su “importancia” en cualquier ámbito del mundo real; en especial, la cultura.

Y, a pesar de todo esto, de hacer un esfuerzo sobrehumano para hundir un proyecto que llevaba nueve años hecho y estructurado, el festival no fracasó de la manera miserable que se merecía. Aunque, efectivamente, fue una mugre, no dejaba de tener la característica más importante para el potosino promedio: sin costo alguno (también conocido como “entrada libre”). Ya se sabe que, sin importar qué evento haya en Fundadores, ni la cantidad de promoción que pueda o no tener, si los transeúntes ven que se está preparando un escenario y hay sillas dispuestas en la plaza, instintivamente se sentarán para ver qué sucederá. No importa que no sea ni remotamente interesante, que sea un evento mal organizado, ni que no les sirva para nada; ni siquiera importa qué podrá ser: un festival de danza, un par de hip hopperos, una oratoria de gente en pro del graffiti o una plática de Gaby Vargas, las personas saben que si están presentes esos dos elementos (el escenario y las sillas), será gratuito y por ende, bueno. ¡Felicidades, ha usted ha conseguido quórum!

Según se cuenta hubo eventos en diferentes “recintos culturales” en todo el pueblo capital, pero eso implicaría que de verdad hay recintos culturales en San Luis o que a los pueblerinos les interesa.

Creo que es un indicio bastante fuerte de la calidad de este evento si el del año pasado, el que brilla por su inexistencia, contiene memorias más felices...

Importante:

Éste blog es como un estacionamiento público: construimos, renovamos y actualizamos este espacio, y le dejamos entrar de manera gratuita, pero si usted, su dignidad o su orgullo salen abollados de manera total o parcial, no es nuestro problema...

Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad de sus respectivos autores.